Jadiya, madre de los musulmanes. Una mujer revolucionaria

Comenzamos este viaje con una mujer cuyo carácter fue decisivo en los primeros años del islam: 

Jadiya bintu Juwalid, la primera esposa del profeta 

Las mujeres en el islam ocupan un lugar muy especial desde el inicio de su historia. Las primeras mujeres que abrazaron el islam desempeñaron un papel destacado junto a sus compañeros en la formación y el desarrollo de la sociedad musulmana, haciendo de ella un modelo a seguir, emancipando a la humanidad (hombres y mujeres) de la ignorancia en la que estaban sumidos. 

Jadiya (que Allah esté complacido con ella*) vivía en una sociedad corrupta y deshumanizada, en la que la mayoría de la población era politeísta e idólatra. Era una mujer con principios firmes y virtudes eminentes, se mantenía siempre alejada de la ambición y el egoísmo y rechazaba las injusticias que había en aquella sociedad, sobre todo las que tenían que ver con el género. 

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Imagen de la ciudad de La Meca

Era una mujer inteligente, segura de sí misma y consecuente con sus principios, además era exitosa con los negocios y había logrado multiplicar las riquezas que su padre había obtenido con el comercio, hasta convertirse en una de las personas más influyentes en su entorno. Con 40 años y tras haber estado casada en dos ocasiones, rechazó muchas ofertas de matrimonio de hombres poderosos, ya que buscaba a un hombre distinto que no tuviera el comportamiento machista típico de la gente de su sociedad, sino a alguien que fuera justo y compasivo, que fuera un buen compañero. 

Buscando un empleado que llevara una caravana comercial en su nombre, llegaron a sus oídos las mejores referencias de un hombre llamado Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él*), que contaba 25 años en aquel entonces, ya que era conocido en su comunidad como “Al-Amin” (el confiable, el leal, el veraz), mucho antes de que comenzara la revelación del islam. Ella decidió contratarle y enviarle a Siria con una caravana de su posesión, junto a un hombre de su confianza llamado Maisara. 

A la vuelta del viaje, Maisara le contó a Jadiya lo que había observado sobre Muhammad, que tenía una excelente moral y que eran ciertas todas las virtudes que ella había escuchado de él. 

Jadiya se emocionó cuando su empleado le contó cómo actuaba este hombre y vio en él a esa persona que estaba buscando para que fuera su esposo, así que su amiga Nafisa bintu Nahbe fue a ver a Muhammad y le preguntó:  

-¿Qué te impide casarte?

-No tengo medios para casarme-, le respondió Muhammad. 

-¿Cuál sería tu respuesta si el dinero no fuera un impedimento?

Porque la mujer que quiere casarse contigo es distinguida, bella y adinerada.  

-¿De quién estás hablando? 

-De Jadiya bintu Juwalid. 

-Si es ella la que está proponiendo el matrimonio entonces gustoso acepto.  

El matrimonio entre Jadiya y Muhammad se celebró, y ambos estaban encantados, ya que compartían los mismos principios y modales y sus corazones compartían también los mismos sentimientos. 

Tiempo antes de que le llegara la revelación, el profeta Muhammad tenía la costumbre de ir a meditar a una cueva en la montaña, llamada Cueva de Hira. Jadiya lo apoyaba en esto ya que a ninguno de los dos le gustaba la idolatría y los comportamientos paganos que el pueblo practicaba, y Muhammad se retiraba en esta montaña para adorar a Allah y reflexionar sobre el Creador de los cielos y la tierra. 

En cierta ocasión, en el mes de Ramadán se le apareció el arcángel Yibril (Gabriel), le abrazó con fuerza varias veces y después de soltarlo le comunicó las primeras palabras de la revelación, aquellas que en el sagrado Corán dicen: 

“Lee [oh Muhammad], en el nombre de tu Señor, quien creó todas las cosas, creó al hombre de un célula embrionaria. Lee, que tu Señor es el más generoso, que enseñó la escritura con la pluma y le enseñó a la humanidad lo que ésta no sabía” (Corán 96: 1-5). 

Esta escena sobrenatural provocó que Muhammad se asustara y regresó a su casa corriendo desde la montaña. Llegó temblando de miedo y le dijo a su esposa: “Cúbreme, cúbreme”. Al ver a su esposo en esta situación, desesperado, Jadiya le preguntó qué era lo que le había sucedido y él contestó: “Por Allah que temí por mi vida”. Entonces ella le dijo al profeta Muhammad unas palabras que quedaron registradas en la Historia, palabras para tranquilizar a su esposo en una situación tan fuerte como la que estaba viviendo: 

“No temas porque Allah no te humillaría jamás, él nunca te dejaría desamparado ya que tú tratas con respeto a los parientes, dices siempre la verdad, asistes siempre a los más débiles, ayudas a los pobres, honras a tus huéspedes y luchas por la verdad”. 

Al oír estas palabras de su esposa, Muhammad se tranquilizó. De esta situación Allah nos relata en el Corán: “Oh tú que estás envuelto en un manto, levántate y advierte, proclama la grandeza de tu Señor, purifica tus vestimentas, apártate de la idolatría y no des esperando recibir más a cambio, sé paciente [ante las persecuciones de los idólatras] en tu Señor” (Corán 74: 1-7). 

Jadiya lo llevó a su tío Waraka que era cristiano y le contaron lo que le había ocurrido a Muhammad. Cuando Waraka escuchó el relato dijo: “Por Allah que ese es el mismo espíritu que descendió sobre Moisés (que la paz sea con él)”**.  

Jadiya no dudó en creer en la revelación y la profecía de Muhammad, y así, ella se convirtió en la primera persona en aceptar el islam y la primera mujer musulmana.  

Durante los años que vivieron juntos como marido y mujer, su matrimonio fue bendecido con dos niños y cuatro niñas, la grandeza de Jadiya se mostró claramente desde el momento en que su marido fue seleccionado como profeta y hasta el día de su muerte. Ella misma participó activamente en la enseñanza del islam y en la organización de la nueva sociedad junto al profeta y el resto de sus compañeros, juntos fueron un ejemplo de modales útiles y beneficiosos para la sociedad, tanto en la vida pública como en la familia. 

Cuando empezó la difusión del islam y los idólatras de la Meca empezaron a perseguir a los musulmanes y someterlos a torturas, Jadiya sufrió y fue paciente como tantos otros. Ella soportó toda clase de dificultades junto a su esposo Muhammad (ByP), cuando la gente de Kuraish intentaban apagar la luz del Islam, hizo un boicot a la familia de Muhammad en particular y a los musulmanes en general, este boicot y aislamiento perjudicó mucho a ambos, les hizo pasar muchas penurias y tiempo después Jadiya enfermó y murió por esta causa, entre las lágrimas de sus hijas y el dolor que su marido, el noble Mensajero, sintió al perder a su compañera, su pareja y su soporte más sólido.  

La muerte de Jadiya ciertamente fue un duro golpe para el profeta Muhammad, él la enterró con sus propias manos, y quedó muy afectado por su ausencia, que además coincidió en el tiempo con la de otro gran apoyo para él, al fallecer su tío Abu Talib ese mismo año, que se conoce como el año de la tristeza.  

Jadiya, la rica y poderosa mujer que fue clave en el nacimiento del islam |  Mundo Islam

Muhammad recordó a Jadiya durante toda su vida, la honró y expresó su amor hacia ella muchas veces después de su fallecimiento. Un hadiz de Al-Bujari cuenta que el profeta solía decir que María (madre de Jesús, la paz sea con él) era la mejor mujer de la época en la que vivió y que Jadiya Bint Juwalid era la mejor de su época. En otro hadiz registrado en Muslim dijo que el profeta, cada vez que sacrificaba un animal, tomaba una parte de la carne y decía: “lleva esto a la familia y amigos de Jadiya porque ciertamente yo fui bendecido por su amor”. 

Jadiya, en definitiva, fue una gran mujer que supo estar a la altura de la extraordinaria circunstancia que le tocó vivir. Una mujer fuerte, valiente, decidida, que apoyó al profeta Muhammad y le inspiró confianza en el momento de la revelación, cuando a él le invadió el miedo, una mujer cuyo papel fue tan importante en los inicios del islam que se conservan muchos detalles de su vida y comportamiento, y que fue un gran ejemplo de mujer musulmana, tanto para sus contemporáneos como a lo largo de toda la historia, hasta nuestros días.  

Notas: 

* Cuando nos referimos a un profeta, a uno de los muchos mensajeros de Dios, como Jesús, Moisés o Abrahám, los musulmanes les honramos siempre diciendo: “Que la paz sea con él”. En el caso de Muhammad, se le distingue con un grado más, con la expresión: “Que las bendiciones de Allah y la paz sean con él”, de tal manera que cada vez que leamos o mencionemos su nombre nos acordemos de honrarle con esta expresión. 

Asimismo, cuando nos referimos a compañeros/as del profeta Muhammad, como es el caso de Jadiya, acompañamos su nombre con la expresión: “Que Allah esté complacido con él/ella”.  

** Los cristianos arabo-parlantes también se refieren a Dios como Allah, no es un término exclusivamente musulmán.   

Bibliografía: 

  • Sermón del profesor Mohammad Isa García. 
  • Libro “Las mujeres que rodearon al mensajero” de Muhammad Ali Qutb. 
  • Citas del Corán, traducción de Isa García.  

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